¡Buen camino, peregrino! Mano alzada y el deseo de seguir las huellas del
Apóstol.
Se cuenta del camino mil y una historias que trascienden las memorias ocultas en el tiempo. Caminas sobre huellas olvidadas y recordadas.
Y no sabes qué sucede, pero presientes que esas mil historias son mil conciencias que acompañan tus andanzas.
Y es que el camino, reto misterioso del alma propia y la propia vida te llama y te recuerda que contigo va Dios. Hay un misterio en su llamado, son fuerzas indescifrables que te alientan.
Una advertencia del pasado que no deja que respires. Que no deja que
descanses hasta que te entregas al misterio y en el camino vas en busca de tu destino.
Y son voces de tono bajo, las que te cuentan que el camino te llama. ¿Voces del silencio? ¿Voces del pasado? ¡Voces del Apóstol, llegué a pensar! ¿Es afuera? ¿Es adentro? No lo sabes y solo cuando estás en el camino puedes entender que el llamado viene del corazón.
¡Santiago Apóstol, bendice mi camino. Aligera mis cargas. Descúbreme el misterio de este andar y peregrinar. Muéstrame en tus piedras la historia de la fe. El milagro de creer para ver!
Porque hay milagro en el camino.
La naturaleza se descubre con el canto peregrino de pajaritos de colores que arrullan tus callados pensamientos. Te das cuenta de que existe el cantar de los cantares. Despiertas y te encuentras con las aguas cristalinas de ese arroyo, que ha calmado por cientos de años, la sed del peregrino.
Y vas tras las huellas del Apóstol andando con tus cargas, al principio muy pesadas, pero avanzas y se te olvida, que las llevas en la espalda. Vas meditando en la nada y el todo. Mirando el cielo eterno. Sintiendo la tierra andada. Vas soltando tus recuerdos. Te re encuentras con tus sueños. Y los compañeros de camino, te recuerdan que eres otro peregrino. Uno más igual que ellos. Y tú como ellos, peregrino del camino, aprendes que el pan que llevas lo compartes y lo importante es lo que hoy vives porque el mañana poco importa.
Y a fin de cuentas, ¿Qué sabemos del camino? …
¡Buen camino… peregrino!
Por Magdalena Calvo de Sosnowsky 02 de mayo de 2005
BLOG OFICIAL de la Cofradia de Santiago Apostol en Caracas -Venezuela
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jueves, 1 de julio de 2010
miércoles, 6 de enero de 2010
AÑO SANTO JACOBEO: Mensaje del Papa Benedicto XVI al Arzobispo de la Catedral de Santiago de Compostela
A Mons. Julián Barrio Barrio
Arzobispo de Santiago de Compostela
1. Con ocasión de la apertura de la Puerta Santa, que da comienzo al Jubileo Compostelano de 2010, hago llegar un cordial saludo a Vuestra Excelencia y a los participantes en esa significativa ceremonia, así como a los pastores y fieles de esa Iglesia particular, que por su vinculación inmemorial con el Apóstol Santiago hunde sus raíces en el Evangelio de Cristo, ofreciendo este tesoro espiritual a sus hijos y a los peregrinos de Galicia, de otras partes de España, de Europa y de los más lejanos rincones del mundo.
Con este acto solemne, se abre un tiempo especial de gracia y de perdón, de la "gran perdonanza", como dice la tradición. Una oportunidad particular para que los creyentes recapaciten sobre su genuina vocación a la santidad de vida, se impregnen de la Palabra de Dios, que ilumina e interpela, y reconozcan a Cristo, que sale a su encuentro, les acompaña en las vicisitudes de su caminar por el mundo y se entrega a ellos personalmente, sobre todo en la Eucaristía. Pero también los que no tienen fe, o tal vez la han dejado marchitar, tendrán una ocasión singular para recibir el don de "Aquel que ilumina a todos los hombres para que puedan tener finalmente vida" (Lumen gentium, 16).
2. Santiago de Compostela se distingue desde tiempos remotos por ser meta eminente de peregrinos, cuyos pasos han marcado un Camino que lleva el nombre del Apóstol, hasta cuyo sepulcro acuden gentes especialmente de las más diversas regiones de Europa para renovar y fortalecer su fe. Un Camino sembrado de tantas muestras de fervor, penitencia, hospitalidad, arte y cultura, que nos habla elocuentemente de las raíces espirituales del Viejo Continente.
El lema de este nuevo Año Jubilar Compostelano, "Peregrinando hacia la luz", así como la carta pastoral para esta ocasión, "Peregrinos de la fe y testigos de Cristo resucitado", siguen fielmente esta tradición y la reproponen como una llamada evangelizadora a los hombres y mujeres de hoy, recordando el carácter esencialmente peregrino de la Iglesia y del ser cristiano en este mundo (cf. Lumen gentium, 6.48-50). En el Camino se contemplan nuevos horizontes que hacen recapacitar sobre las angosturas de la propia existencia y la inmensidad que el ser humano tiene dentro y fuera de sí, preparándole para ir en busca de lo que realmente su corazón anhela. Abierto a la sorpresa y la trascendencia, el peregrino se deja instruir por la Palabra de Dios, y de este modo va decantando su fe de adherencias y miedos infundados. Así hizo el Señor resucitado con los discípulos que, aturdidos y desalentados, iban de camino hacia Emaús. Cuando a la palabra se añadió el gesto de partir el pan, a
los discípulos "se les abrieron los ojos" (cf. Lc 24, 31) y reconocieron al que creían sumido en la muerte. Entonces se encuentran personalmente con Cristo, que vive para siempre y forma parte de sus vidas. En ese momento, su primer y más ardiente deseo es anunciar y atestiguar lo ocurrido ante los demás (cf. Lc 24, 35).
Pido fervientemente al Señor que acompañe a los peregrinos, que se dé a conocer y entre en sus corazones, "para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10). Ésta es la verdadera meta, la gracia, que el mero recorrido material del Camino no puede alcanzar por sí solo, y que lleva al peregrino a convertirse en testigo ante los demás de que Cristo vive y es nuestra esperanza imperecedera de salvación. En esa Archidiócesis, junto a otras muchas organizaciones eclesiales, se han puesto en marcha múltiples iniciativas pastorales para ayudar a lograr este fin esencial de la peregrinación a Santiago de Compostela, de carácter espiritual, aunque en ciertos casos se tienda a ignorarlo o desvirtuarlo.
3. En este Año Santo, en sintonía con el Año Sacerdotal, un papel decisivo corresponde a los presbíteros, cuyo espíritu de acogida y entrega a los fieles y peregrinos ha de ser particularmente generoso. Peregrinos también ellos, están llamados a servir a sus hermanos ofreciéndoles la vida de Dios, como hombres de la Palabra divina y de lo sagrado (cf. Al retiro sacerdotal internacional en Ars, 28 septiembre 2009). Aliento, pues, a los sacerdotes de esa Archidiócesis, así como a los que se sumen a ellos durante este Jubileo y a los de las diócesis por donde pasa el Camino, a prodigarse en la administración de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, pues lo más buscado, lo más preciado y característico del Año Santo es el Perdón y el encuentro con Cristo vivo.
4. En esta circunstancia, expreso mi especial cercanía a los peregrinos que llegan y seguirán llegando a Santiago. Les invito a que hagan acopio de las sugestivas experiencias de fe, caridad y fraternidad que encuentren en su andadura, a que vivan el Camino sobre todo interiormente, dejándose interpelar por la llamada que el Señor hace a cada uno de ellos. Así podrán decir con gozo y firmeza en el Pórtico de la Gloria: "Creo". Les ruego también que en su oración cadenciosa no olviden a los que no pudieron acompañarles, a sus familias y amigos, a los enfermos y necesitados, a los emigrantes, a los frágiles en la fe y al Pueblo de Dios con sus Pastores.
5. Agradezco cordialmente a la Archidiócesis de Santiago, así como a las Autoridades y otros colaboradores, sus esfuerzos en la preparación de este Jubileo Compostelano, como también a los voluntarios y a cuantos están dispuestos a contribuir a su buen desarrollo. Confío los frutos espirituales y pastorales de este Año Santo a nuestra Madre del cielo, la Virgen Peregrina, y al Apóstol Santiago, el "amigo del Señor", a la vez que imparto a todos con afecto la Bendición Apostólica.
Vaticano, 19 de diciembre de 2009
Fuente: Esta noticia es de la Agencia Zenith enviada por nuestra Cofrade Maru Lisson
Arzobispo de Santiago de Compostela
1. Con ocasión de la apertura de la Puerta Santa, que da comienzo al Jubileo Compostelano de 2010, hago llegar un cordial saludo a Vuestra Excelencia y a los participantes en esa significativa ceremonia, así como a los pastores y fieles de esa Iglesia particular, que por su vinculación inmemorial con el Apóstol Santiago hunde sus raíces en el Evangelio de Cristo, ofreciendo este tesoro espiritual a sus hijos y a los peregrinos de Galicia, de otras partes de España, de Europa y de los más lejanos rincones del mundo.
Con este acto solemne, se abre un tiempo especial de gracia y de perdón, de la "gran perdonanza", como dice la tradición. Una oportunidad particular para que los creyentes recapaciten sobre su genuina vocación a la santidad de vida, se impregnen de la Palabra de Dios, que ilumina e interpela, y reconozcan a Cristo, que sale a su encuentro, les acompaña en las vicisitudes de su caminar por el mundo y se entrega a ellos personalmente, sobre todo en la Eucaristía. Pero también los que no tienen fe, o tal vez la han dejado marchitar, tendrán una ocasión singular para recibir el don de "Aquel que ilumina a todos los hombres para que puedan tener finalmente vida" (Lumen gentium, 16).
2. Santiago de Compostela se distingue desde tiempos remotos por ser meta eminente de peregrinos, cuyos pasos han marcado un Camino que lleva el nombre del Apóstol, hasta cuyo sepulcro acuden gentes especialmente de las más diversas regiones de Europa para renovar y fortalecer su fe. Un Camino sembrado de tantas muestras de fervor, penitencia, hospitalidad, arte y cultura, que nos habla elocuentemente de las raíces espirituales del Viejo Continente.
El lema de este nuevo Año Jubilar Compostelano, "Peregrinando hacia la luz", así como la carta pastoral para esta ocasión, "Peregrinos de la fe y testigos de Cristo resucitado", siguen fielmente esta tradición y la reproponen como una llamada evangelizadora a los hombres y mujeres de hoy, recordando el carácter esencialmente peregrino de la Iglesia y del ser cristiano en este mundo (cf. Lumen gentium, 6.48-50). En el Camino se contemplan nuevos horizontes que hacen recapacitar sobre las angosturas de la propia existencia y la inmensidad que el ser humano tiene dentro y fuera de sí, preparándole para ir en busca de lo que realmente su corazón anhela. Abierto a la sorpresa y la trascendencia, el peregrino se deja instruir por la Palabra de Dios, y de este modo va decantando su fe de adherencias y miedos infundados. Así hizo el Señor resucitado con los discípulos que, aturdidos y desalentados, iban de camino hacia Emaús. Cuando a la palabra se añadió el gesto de partir el pan, a
los discípulos "se les abrieron los ojos" (cf. Lc 24, 31) y reconocieron al que creían sumido en la muerte. Entonces se encuentran personalmente con Cristo, que vive para siempre y forma parte de sus vidas. En ese momento, su primer y más ardiente deseo es anunciar y atestiguar lo ocurrido ante los demás (cf. Lc 24, 35).
Pido fervientemente al Señor que acompañe a los peregrinos, que se dé a conocer y entre en sus corazones, "para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10). Ésta es la verdadera meta, la gracia, que el mero recorrido material del Camino no puede alcanzar por sí solo, y que lleva al peregrino a convertirse en testigo ante los demás de que Cristo vive y es nuestra esperanza imperecedera de salvación. En esa Archidiócesis, junto a otras muchas organizaciones eclesiales, se han puesto en marcha múltiples iniciativas pastorales para ayudar a lograr este fin esencial de la peregrinación a Santiago de Compostela, de carácter espiritual, aunque en ciertos casos se tienda a ignorarlo o desvirtuarlo.
3. En este Año Santo, en sintonía con el Año Sacerdotal, un papel decisivo corresponde a los presbíteros, cuyo espíritu de acogida y entrega a los fieles y peregrinos ha de ser particularmente generoso. Peregrinos también ellos, están llamados a servir a sus hermanos ofreciéndoles la vida de Dios, como hombres de la Palabra divina y de lo sagrado (cf. Al retiro sacerdotal internacional en Ars, 28 septiembre 2009). Aliento, pues, a los sacerdotes de esa Archidiócesis, así como a los que se sumen a ellos durante este Jubileo y a los de las diócesis por donde pasa el Camino, a prodigarse en la administración de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, pues lo más buscado, lo más preciado y característico del Año Santo es el Perdón y el encuentro con Cristo vivo.
4. En esta circunstancia, expreso mi especial cercanía a los peregrinos que llegan y seguirán llegando a Santiago. Les invito a que hagan acopio de las sugestivas experiencias de fe, caridad y fraternidad que encuentren en su andadura, a que vivan el Camino sobre todo interiormente, dejándose interpelar por la llamada que el Señor hace a cada uno de ellos. Así podrán decir con gozo y firmeza en el Pórtico de la Gloria: "Creo". Les ruego también que en su oración cadenciosa no olviden a los que no pudieron acompañarles, a sus familias y amigos, a los enfermos y necesitados, a los emigrantes, a los frágiles en la fe y al Pueblo de Dios con sus Pastores.
5. Agradezco cordialmente a la Archidiócesis de Santiago, así como a las Autoridades y otros colaboradores, sus esfuerzos en la preparación de este Jubileo Compostelano, como también a los voluntarios y a cuantos están dispuestos a contribuir a su buen desarrollo. Confío los frutos espirituales y pastorales de este Año Santo a nuestra Madre del cielo, la Virgen Peregrina, y al Apóstol Santiago, el "amigo del Señor", a la vez que imparto a todos con afecto la Bendición Apostólica.
Vaticano, 19 de diciembre de 2009
Fuente: Esta noticia es de la Agencia Zenith enviada por nuestra Cofrade Maru Lisson
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